El Mundial terminó Es hora de empezar las conversaciones con nuestros hijos
Actualizado: 22 jul
Se acabó el mundial de fútbol 2026, y como decimos en mi tierra: “Quedamos desprogramaos” (así, sin “D”). Por eso, mi propuesta con este artículo es que el programa que hagamos ahora sea conversar con nuestros hijos sobre los mensajes que nos deja el mundial, que como todos los mundiales que vemos cada 4 años, nos permite bajarle al ritmo desenfrenado en el que vivimos, para ver la belleza que hay en uno de los pocos eventos que permite la unión del mundo entero.
Hace unos días le pregunté a mi hijo Eduardo que pensaba que era lo más bonito del mundial. Él me respondió: “Mamá: la verdad. Los goles” Y le dije: “Para mi hay muchísimas historias aun mejores que los goles, lo más bonito del mundial son los mensajes que nos deja para la vida ….”
Aunque todos los mundiales se juegan en la cancha, yo con mi filosofía de vida, empiezo a pensar en todas las lecciones que un mundial nos deja, y a entender que las historias más importantes de sus protagonistas ocurren antes de llegar a la cancha.
Ocurren en una tribuna donde una mamá espera con las manos entrelazadas, como si todavía estuviera viendo jugar a ese niño que un día corría detrás de un balón en la calle, en el césped, donde un jugador llora porque el sueño terminó demasiado pronto, en el túnel por el que un equipo entero entra tomado de las manos para hacer una oración antes de salir a competir, en un abrazo, en las lágrimas, en el silencio en el que nadie los está viendo.
Y entonces llego a la conclusión de que no estoy viendo el mismo mundial que están viendo mis hijos. Mientras ellos ven goles y partidos inolvidables, yo veo personas, seres humanos con historias hermosas que ocurrieron antes de esos partidos, y es ahí donde arranca mi conversación con ellos.
Para empezar, les confieso que en medio de mi excesivo sentimentalismo, una de las imágenes que más se quedó conmigo fue el abrazo de Vozinha con su mamá. El arquero de Cabo Verde, acababa de vivir uno de los partidos más importantes de su carrera, podía haber buscado las cámaras, podía haber corrido hacia sus compañeros o haber levantado sus brazos para celebrar, pero decidió hacer algo infinitamente más hermoso, buscó a su mamá para abrazarla.
Mientras veía esa escena pensé en todas las madres y los padres que acompañan sueños que nadie más alcanza a ver, los que madrugan los fines de semana a llevar a sus hijos a hacer deporte a pesar del cansancio que deja una semana de trabajo, los que saben esperar con la confianza de que sus hijos van a lograrlo, los que se estresan con las cuentas, los que aplauden incluso cuando todavía no hay nada que celebrar… En fin, los que afrontan con resiliencia los desafíos cotidianos que nos trae la vida.
Vozinha me dejó una huella en el corazón por todo lo que es, por su historia que nos enseña a no dejar de creer, y por su humanidad, que me la demostró también cuando en el partido en el que quedó por fuera del mundial, buscó a un compañero que permanecía tendido sobre el césped, incapaz de levantarse del dolor, lo tomó del brazo, lo levantó, y siguieron caminando juntos. Cuanta bondad, cuanta empatía, cuanta valentía, porque para todos es fácil acompañar las celebraciones, pero es más valiente y mucho más necesario, que nuestros hijos, y de paso nosotros, aprendamos a acompañar las derrotas.
Vale la pena detenernos a observar si nuestros hijos están creciendo convencidos de que solo acompañamos a nuestros amigos cuando llegan de primeros, o sobretodo los debemos acompañar cuando no alcanzan a llegar.
Entre los muchos personajes destacados en este mundial, también está Erling Haaland. Millones de niños quieren parecerse a él, quieren sus goles, su fuerza y su potencia. Y pienso entonces en la importancia de hablar con ellos sobre la disciplina, porque Haaland no empezó a construir ese cuerpo cuando llegó al mundial, sino años atrás, con cada comida elegida con cuidado, cada noche en la que decidió descansar en lugar de irse de rumba, cada entrenamiento realizado cuando nadie lo estaba grabando.
Si me siguen en mis redes sociales, ya saben que me preocupa que vivimos en una época enamorada del resultado sin tener en cuenta el proceso, y eso sólo lleva a los niños a querer cosechar sin haber aprendido a sembrar.
Tal vez deberíamos hablarles de que esos goles que tanto les gustaron, fueron posibles por los hábitos y el trabajo previo de los deportistas a los que ellos tanto admiran.
Y antes de soltar a Haaland, debo decir también que me conmovió la serenidad y la identidad con la que celebran los noruegos, y todavía más, el recibimiento que les hizo su país cuando regresaron. Las familias deberíamos parecernos un poco a eso, a un lugar donde nuestros hijos siempre quieran volver, un lugar donde no tengan que ganar para sentirse bien recibidos, para sentir con fuerza lo orgullosos que sus padres vivimos de ellos, un lugar donde sepan que habrá abrazos incluso cuando las cosas no salgan bien, porque el amor no debería depender del resultado.
Y antes de seguir hablando de jugadores y de selecciones, tengo que referirme a otra historia que no se si pasó desapercibida, pero que a mi me conmovió hasta los huesos, y es que mientras millones de personas estaban listas para disfrutar del partido entre México y Sudáfrica, un niño estaba en las calles vendiendo agua y perros calientes junto a su papá, hasta que un total desconocido para ellos, con un corazón enorme, decidió comprarles toda su mercancía de ese día, y regalarles las entradas para ese partido. Eso no cambió en lo absoluto el resultado del encuentro, pero les aseguro que cambió para siempre la memoria de ese niño.
Y ante esta historia, pensé que generalmente confundimos la grandeza con hacer cosas enormes y visibles para todos, cuando en realidad, el mundo cambia gracias a personas que simplemente deciden mirar al otro y tener un pequeño gesto de empatía en silencio. Qué diferente sería este planeta si nuestros hijos crecieran preguntándose cada mañana:"¿A quién puedo alegrarle hoy el día?", y sobretodo, si esta misma pregunta nos la hiciéramos los papás todos los días.
Obviamente me emocioné con mi selección y estoy agradecida por el trabajo que hicieron, pero eso no es lo que quiero resaltar. Lo que más me conmovió de los jugadores colombianos fue verlos reunidos haciendo oración antes y después de los partidos. Evidentemente, rezar no los llevó a la victoria inmediata (como tanto nos gusta ver), pero mis colombianos si nos recordaron algo que para mí es una verdad absoluta: no todo depende de nosotros, hay que entregarnos a Dios y permitir que Él tenga el control. Nosotros hacemos lo que está en nuestras manos, y confiamos en que Dios hará lo demás.
Los argentinos por su parte, nos siguen recordando que para llegar al resultado que queremos, a veces debemos pasar por el sufrimiento, y debemos resistir, seguir creyendo y trabajando aun cuando sintamos que ya no quedan fuerzas. Esta lección, nos lleva a hablar con los niños sobre no abandonar nuestros sueños, sobre la perseverancia, la resiliencia, la importancia de seguir mirando hacia adelante, aunque las cosas se pongan difíciles. Y no, no hablaré de la conducta de algunos argentinos al terminar el partido final, no porque la aplauda, sino porque elijo ver lo bonito que nos mostraron durante todo el mundial, y no quedarme con los reproches.
Por otro lado, como no hablar con mi hija Susana sobre las mujeres que vimos en los equipos arbitrales. Las niñas necesitan ver mujeres ocupando lugares que durante años parecían posibles solo para los hombres. Y los niños necesitan crecer entendiendo que el respeto no depende del género, sino del ser humano que tenemos delante.
Y en relación con este último tema, quiero hablarles de una imagen que no solo me impactó sino que me agradó ver, y es la imagen de los jugadores llorando, porque durante mucho tiempo nos dijeron que los hombres no lloraban, y verlos cubiertos de lágrimas para mi es una señal de evolución emocional, porque me permite mostrarle a mi hijo que si lloran, y que pueden llorar sin esconderse, que las lágrimas no son señal de debilidad, sino que son el camino para expresarnos si estamos alegres o si estamos tristes, son un regalo que sana y reconforta. Qué alivio ver a futbolistas admirados por millones llorando sin esconder el rostro.
Para ir cerrando, quiero que escuchemos atentamente las palabras de Luis de la Fuente – director técnico de España. Veamos sus videos con nuestros hijos, sus frases, sus respuestas. Vale la pena! Nos habló de la calma, de la oración. Nos enseñó que la calma es poder, que hacemos oración no para ganar, sino para estar fortalecidos durante el proceso, y que importante es hablar del proceso; nos dijo también que el trabajo en equipo es fundamental porque nadie consigue grandes cosas solo, que sus jugadores son, antes que grandes futbolistas, grandes personas, y nos recordó que para alcanzar un sueño también hay que saber sacrificarse y saber sufrir. Qué tranquilidad siento escuchando a Luis de la Fuente y mostrándoles a mis hijos sus declaraciones en un mundo que quiere que todo pase rápido y sin esfuerzo.
Y al final, un show que los que saben de futbol dicen que no debería ser en el intermedio, lo cual seguramente es cierto; yo me quedo con el mensaje final de un show que nos reitera que es posible la unión de diferentes culturas: “LOVE”.
Con todo esto, les puedo decir a todos los padres de familia que estén leyendo este artículo, que probablemente nuestros hijos olviden las alineaciones de este mundial, dejen pasar algunos goles, y se confundan con los resultados que acaban de ver, pero seguro recordarán que después de este mundial, sus papás apagaron el televisor para conversar en familia de lo que es realmente importante para vivir plenamente.
Ojalá no dejemos pasar la oportunidad de llenarles el corazón de esas historias que parecen pequeñas, y que, sin hacer mucho ruido, terminan enseñándoles cómo se vive de verdad. Quizá esa sea la copa que realmente las familias debemos levantar.
Juanita Correa Giraldo
Creadora de “El Trabajo de Mamá”
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Un escrito que recopila todo lo positivo de un mundial, enfocarnos en lo bueno y en las enseñanzas
maravilloso aporte Juanita.
Te felicito también por esta página web y espero muchas mujeres y mamás encuentren en este espacio un abrazo
un oído y unas palabras sabias de una mujer que habla desde su conocimiento
pero también desde su experiencia como madre